En apenas tres semanas,ya hemos entrado en ese bucle tranquilizador y terrible a la vez, que es la rutina.
La rutina de días que se repiten sin apenas tiempo para ir al baño, repetición de cada explicación sobre el análisis denotativo y connotativo en la publicidad cuatro veces por semana con los de Cultura Audiovisual, hábito de hacerse al estruendo que arman los chicos con los carritos de los ordenadores, al cómo arrastran los pupitres, su comunicación bastante distante de la experiencia zen del silencio.
Acostumbrarse al insistente soniquete de las explicaciones repetidas mil veces: cómo hacer el vídeo en stop motion en los grupos de los pequeñajos de primerillo,incluso el romper ¡¡un día!! la rutina, y poder,por fin, tomar un café -por primera vez en todo este tiempo.-
Y luego las costumbres "pandémicas": la desinfección de la mesa cada vez que entras a un aula, las carreras para hacer la guardia de recreo y llegar a tiempo a esa dósis de surrealismo de tener a los chavales en sus "corralitos" sin poder moverse de un patio zonificado, que,al menos no es triste, porque están ellos y los puedes ver hasta sin mascarillas, y ves cómo están de locos,y cómo son sus sonrisas... al menos unos minutos; y luego, re -acostumbrarse a verlos con mascarilla, y tener que identificarlos pese a ella...
Hacerse a la habitual algarabía (esa que por protocolo covid no debiera existir,porque se supone que debieran estar calladitos,pero la realidad es tozuda,y ellos tienen doce,trece,quince años,y probablemente inventaron el concepto fragor telúrico.)
Podría seguir con mil repeticiones que nunca son lo mismo, pero la veo a ella, toda ojazos, como cae en la rutina y a pesar de ello, sigue tomando notas,cómo observa atenta mientras los de primerillo hacen las fotos de Plástica,y como a cuarta hora fenece a la tercera (¿o será la quinta?) vez que escucha cómo tienen que compartir el enlace,y la veo haciendo un dibujillo.
Y me parece bien, porque ya está en casa. Y hay que sentirse cómoda,y ponerse las zapatillas, para poder digerir todo lo que ve y está viviendo, y ya está en ello.
Está haciendo y procesando tantas cosas a la vez que me maravilla que no colapse por sobrecarga de información y aún tenga tantas ganas como se le adivinan. Y brindo interiormente porque esa ilusión sea también una nueva costumbre.
Inma

Comentarios
Publicar un comentario