REFLEXIÓN (Semana 3)
Y por fin llegó el momento que tantas veces imaginé y que pensé que nunca llegaría: enfrentarme (sola) a una clase (llena) de alumnos.
Parece una locura que estuviese ansiosa, ¿no?
(¿Acaso no somos los humanos una raza de individuos adictos a las nuevas experiencias? Pequeños seres en continua búsqueda de la ansiada adrenalina que nos recuerda que estamos vivos.)
Me encontraba ante el momento de poner en práctica, por fin, todo lo aprendido en estas semanas en las clases de Inma. Momento de captar la atención de los alumnos, embaucarlos y sumergirlos en el temario.
(Hacer que se interesen y muestren atención por la explicación sería, para mí, toda una victoria).
Sin darme cuenta ahí estaba yo, nerviosa e internamente temblorosa ante la clase, presentando una falsa y poco creíble postura de confianza, exponiendo el primer tema teórico de mi vida (EL COLOR: concepto, atributos, gamas, primarios, secundarios y complementarios) intentando recordar la simple función vital de respirar, a la vez que explicaba el contenido; cerciorándome, a través de sus escondidos ojos tras la mascarilla, si comprendían mis explicaciones.
A pesar de mis nervios y esporádicas dudas durante la exposición, podría decir que salí victoriosa de mi pequeña batalla personal. No por haberlo hecho bien, sino por haberlo hecho con toda la pasión, cariño y amor que una persona puede tener por su oficio.
Siempre que te enfrentas ante una clase los docentes nos exponemos, en cierta manera, al fallo, a mostrar errores y ser juzgados por ellos y por otros aspectos banales e insignificantes que, por alguna razón, les importa. En definitiva, se podría definir como un desnudo delante del pueblo, mostrando nuestras inseguridades y flaquezas. Pero los beneficios de ese acto de valentía son tantos que merece la pena ponerse el casco y lanzarse al ruedo.
Pero, la verdad, es que no me sentía juzgada, más bien me sentía eternamente agradecida a la clase, a cada niño y niña que, con su bondad, respeto, atención, concentración y participación, consiguieron paliar mis nervios e inseguridades y hacer de ésta una dulce experiencia. Pero sobre todo a Inma, que supo respaldarme y apoyarme en todo momento; supo colocarle la pata a mi coja silla antes de que pudiera caerme. Pequeños detalles que marcan la diferencia.
(Tras la explicación de los contenidos, comenzaron a realizar las actividades introductorias que propuse y que los alumnos y alumnas recibieron y disfrutaron agradablemente. Tanto que, incluso, la concentración y el mediano silencio que había en clase, me permitió poner algo de música mientras trabajaban. -BENDITA y beneficiosa MÚSICA-)
La clase finalizó, y por fin, mi ritmo cardiaco y respiración volvieron a sus debidos niveles. Era el momento de pedir a Inma los consejos y comentarios que tanto necesitaba escuchar. Como resultado obtuve:
- No utilizar un vocabulario tan complejo.
- Ofrecer más ejemplos en las explicaciones.
- Respirar
- Disfrutar
Esta experiencia fue completamente diferente la segunda y tercera vez que me enfrenté ante la misma situación. Pude DISFRUTAR, explicarme sin miedo, reír y bromear durante las explicaciones. La confianza con la que me encontraba era mi mejor arma. Lo noté y lo notaron.
Esta es solo la primera de muchas, pero me encuentro completamente satisfecha con ello. Inma y yo formamos el equipo perfecto: la sabiduría, experiencia, recorrido y el conocimiento, junto la voluntad de absorberlo todo como una esponja, las ganas, nuevas perspectivas y el aire fresco que implica un nuevo comienzo.
Quiero ser una buena docente. Quiero ser la clase de docente que los alumnos y alumnas recuerden. Y estoy feliz, no sólo por tener la voluntad de serlo, sino por ser consciente de que dispongo de las mejores herramientas para conseguirlo.
-Raquel Alaminos

Hola, lo primero de todo es presentarme. Soy Inma González y al igual que tú Raquel, hice el practucum con tu tutora Inma en su antiguo centro.
ResponderEliminarMientras que leía todo lo que habías escrito se me ponía el bello de punta, solo de recordar todos y cada uno de los momentos que viví con ella. Fue una experiencia inolvidable al igual que lo será para ti, estoy segura. Y ya te digo que será muy complicado olvidar todo lo que te enseñe. Yo aprendí en todos los aspectos, no solo a enseñar una teoría a los alumnos. Inma te muestra como ser su confidente, como llamar su atención, como hacer que algo aburrido o simple no lo sea, en definitiva, un modo de ver las cosas diferente (pero siempre con pendientes y los morros pintados).
Solo quería transmitirte que aproveches todos los momentos y te conviertas en una esponja de todo los que te enseñe, será algo muy valioso que estoy segura pondrás en práctica muy pronto.
Un abrazo grande